Creatividad: capacidad para generar ideas. La calidad de esas ideas no es tan importante como la actitud y proactividad en generarlas, una persona motivada que se sienta implicada, partícipe con su proyecto facilitará extraer su talento en la generación de ideas dinamizadas por sesiones de creatividad y/o expresadas en cualquier momento. La creatividad es la primera puerta hacia la innovación.

Resiliencia: una persona que acepte el cambio como algo positivo y empuje hacia adelante con una buena actitud favorece a las organizaciones. Estamos en entornos muy cambiantes por la coyuntura económica y social, es importante que las personas de nuestra organización no sean reactivas al cambio puesto que dificultarán el progreso.

Toma de decisiones: de una manera u otra a toda persona en su puesto de trabajo le toca tomar decisiones. Las personas resolutivas toman decisiones en base a criterios argumentados con el fin de beneficiar a la compañía. Las decisiones pueden ser más o menos acertadas pero en ningún caso, deben tomarse si un criterio.

Polivalencia: hace una década, las personas estaban muy “clasificadas” por sus puestos de trabajo. Se definían las tareas a realizar y fuera de estas, no se ejecutaba ninguna y esto, generaba organizaciones rígidas que no se adaptaban al cambio. Posteriormente, se ha tendido a buscar profesionales polivalentes con el perjuicio de la especialización, ya que escasean profesionales muy especializados en una materia concreta.

Habilidades Sociales y Comunicativas: se valoran profesionales con ánimo de mejorar la organización y contribuir junto con sus compañeros/as en el crecimiento de la misma. Se valoran los perfiles de Líder que evidencien el talento del equipo, líderes humildes que entiendan que cualquier persona puede aportar, líderes con sentido del humor que saben que “la persona que se ríe no significa que no esté trabajando” y sobre todo, líderes humanos y no jefes vanidosos.