¿Por qué debería trabajar con vosotros en vez de con la competencia?

¿Qué beneficios obtendré al trabajar en vuestra empresa?

La propuesta de valor del empleado cumple un triple objetivo:

  • Funcional: ¿Qué puedo hacer? El empleado quiere saber qué funciones va a desempeñar, a qué se dedicará y cómo podrá desenvolverse profesionalmente en nuestra empresa.
  • Económica: ¿Por qué lo voy a hacer? A cambio de sus prestaciones profesionales, el trabajador obtiene una “recompensa” económica, mejoras sociales, etc. Información que debemos proporcionar: retribuciones, planes de pensiones, participación en los beneficios, cheques-descuento, etc.
  • Psicológica: ¿Para qué lo voy a hacer? No hay quien quiera trabajar por amor al arte, pero además de por la satisfacción por el ejercicio del trabajo y por la contraprestación económica, hay un elemento más profundo. Es una sensación de pertenencia y de autorrealización, el profesional quiere formar parte de un equipo que tiene un objetivo más trascendental y a largo plazo. Información que debemos proporcionar: misión, visión y valores de la empresa, cultura organizativa, miembros del equipo.

Para empezar la propuesta de valor se compone de tu identidad (quién eres realmente), cómo te ven los candidatos y las escaseces del mercado (lo que quieren realmente los candidatos). De nada sirve ofrendar algo que nadie quiere, hay que determinar primero qué es lo que los solicitantes buscan y luego tratar de dárselo de una manera diferenciada respecto a nuestra capacidad.

El punto principal a tener en cuenta para elaborar nuestra propuesta de valor es analizar lo que ofrecemos e indagar si esta oferta se ajusta a lo que verdaderamente quieren nuestros trabajadores.

Los 4 factores que más reconocen los profesionales españoles a la hora de elegir una organización para trabajar son:

  • Seguridad laboral a largo plazo.
  • Condiciones económicas.
  • Conciliación de trabajo y vida privada.
  • Perspectivas de futuro.
  • Interés por un trabajo interesante.